Cómo ser mujer y sobrevivir en un empleo en Dominicana

Las dominicanas trabajan tanto como sus compatriotas varones, pero reciben menos salario, están más desempleadas y sufren segregación laboral, según un estudio difundido por la Secretaría de la Mujer.
La participación femenina en el mundo laboral quisqueyano creció en las últimas décadas, aunque ese empuje ha sido insuficiente para derribar algunas barreras como la segregación laboral, significó Sonia Díaz, subsecretaria de Estado de la Mujer en un reciente encuentro sobre el tema.

En términos de dinero las diferencias se expresan en el hecho de que los hombres reciben, como promedio, 54,50 pesos (alrededor de 1, 51 dólar) por hora de trabajo y las mujeres 3,20 menos.

Otro de los obstáculos para la inserción en la vida productiva es la demanda de algunos empleadores de que las mujeres se hagan pruebas de embarazo antes de aceptarlas en un puesto de trabajo, una ilegalidad que viola el código laboral vigente.

El incremento de la presencia femenina en el universo laboral sigue restringida en gran medida al sector informal de las microempresas de subsistencia, cuyo impacto social es mínimo.

La principal razón de este índice subyace en la necesidad de mantener a la familia por el abandono de los padres.

En términos de desempleo el número mayor es de mujeres, 22,8 por ciento, en comparación con el 8,5 de los hombres, quienes además ocupan labores que por su rigor no pueden ser confiadas a féminas, lo cual eleva aún más esa diferencia en la práctica cotidiana.

Como patronos o asociados, las mujeres asimismo están en desventaja pues sólo el 23 por ciento de los registrados en esa categoría son hijas de Eva, en comparación con el 77 por ciento que ocupan los varones, según datos de la Secretaría de Estado de Trabajo.

Otra característica negativa es que el impacto económico de la labor femenina resulta mínimo debido a que están en su mayoría restringidas a labores de servicio o de mano de obra no calificada.

A ese rosario de desgracias es preciso sumar quejas recurrentes sobre el acoso sexual y laboral a que son sometidas las mujeres por parte de superiores administrativos y sus propios compañeros.

En un reciente panel sobre Crisis Económica y Empleo de la Mujer, se evidenciaron criterios disparatados según los cuales una empleada puede perder su puesto si rechaza insinuaciones o propuestas sexuales de sus superiores.

En lenguaje llano ese criterio implica la vigencia del derecho de pernada ejercido por los señores feudales del medioevo con sus siervos de la gleba un milenio atrás, cuando aún se creía que el mundo era plano y el sol giraba en torno a la Tierra.

Lo peor de esta situación es que para el 44,1 por ciento de las mujeres participantes en una encuesta del proyecto Cumple y Gana, auspiciado por la Secretaría de Trabajo, el acoso sexual no está prohibido, cuando en rigor está sancionado en el Código Laboral vigente.

Entre los sectores donde más patente son las dificultades para las mujeres es el textil, mayoritario en las zonas francas y uno de los principales de la economía dominicana.

Entre ese proceloso mar de presiones, agresiones embozadas y discriminaciones transcurre la vida de las dominicanas, relegadas por su sexo a una supeditación que impide su desarrollo aunque sea la protagonista de las canciones de amor y de altisonantes manifestaciones cada día de las madres.

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