La joven secuestrada 18 años intenta rehacer el vínculo con su madre

1251808949_1La joven Jaycee Lee Dugard, quien estuvo 18 años secuestrada en el patio trasero de una vivienda en Estados Unidos, se encuentra junto a sus familiares más cercanos en un sitio desconocido, donde recibe asistencia de médicos y psicólogos, según ha informado la prensa local. Reconstruir el vínculo con su madre, hermana y tía “podría durar meses, cuando no años”, aseguró su padrastro Carl Probyn, en declaraciones reproducidas por el “San Francisco Chronicle”.

Dugard fue encontrada la semana pasada tras pasar 18 años en el patio trasero de la casa de Phillip Garrido, de 58 años, quien la secuestró cuando era una niña de 11 años, abusó de ella y concibieron dos niñas, actualmente de 11 y 15 años. En el programa “Early Show” de CBS, Probyn aseguró que las niñas veían a su madre como una hermana mayor. Las niñas no sabían nada sobre que su madre estaba secuestrada. A pesar de su rapto y de las duras condiciones en las que vivían, tanto Dugard como sus dos hijas desarrollaron una relación muy estrecha con el secuestrador.

Según su testimonio, las niñas lloraron por la detención del padre. “Eran una familia”, relató a la CBS. “Dependían mucho unos de otros”, añadió y relató que su mujer percibió que las niñas estaban muy “apegadas”.

Jaycee trabajaba con el secuestrador

La joven trabajaba en la imprenta que Garrido tenía en su casa y era presentada a los clientes como su hija Allissa. “Era diseñadora, hacía los proyectos creativos. Era un genio”, aseguró uno de los clientes, Ben Daughdrill. La joven mantuvo incluso varios contactos telefónicos y por e-mail sin aludir jamás a su verdadera identidad. También ha hablado el padre del secuestrador y ha manifestado que su hijo sería capaz incluso de cometer un asesinato, según afirma en una entrevista que publica hoy el diario británico “The Sun”.

“Pienso que podría estar implicado en lo de las prostitutas“, aseguró Manuel Garrido, en relación con los asesinatos no resueltos de estas mujeres cerca del lugar donde trabajaba su hijo. “Mi hijo ha hecho obviamente algo muy enfermo, y es correcto analizar todas las otras cosas enfermas y terribles que pasaron en la misma época”, añadió. Además del caso de Jaycee, secuestrada cuando tenía 11 años, la Policía está investigando a Phillip Garrido, de 58 años, por los asesinatos no resueltos de una serie de prostitutas en los años 90.

Manuel Garrido no cree, sin embargo, que la policía vaya a tener éxito. “Él es muy hábil. Si tenía que librarse de un cadáver, lo hubiese tirado a un río”, afirmó el hombre, de 88 años.

Habla otra víctima

Mientras tanto, una víctima anterior de Garrido habló en el programa de Larry King en la CNN en la noche del lunes sobre su propia experiencia y el secuestro de Jaycee Lee Dugard.

“Quiero gritar, desde lo más profundo de mi alma“, relató Katie Callaway Hall. “Gritar porque mis temores eran justificados, porque él volvió a golpear”, afirmó indignada.

“Es terrible lo que le hizo (a Dugard), pero no tengo dudas de que era capaz de hacerlo. No puedo imaginar por lo que debió pasar Jaycee. A mí me tuvo ocho horas. A ella la tuvo 18 años”, aseveró.

Desde el 22 de noviembre de 1976, no pasa ni un día en que Katie Callaway no piense en su agresor. Katie fue secuestrada entonces a los 25 años por Garrido y violada durante horas. Por casualidad, un policía descubrió el escondite en un depósito, liberó a la víctima y detuvo al agresor. Fue condenado a 50 años de cárcel, pero puesto en libertad condicional tras 11 años.

Hall relató cómo cayó en las manos de Garrido. El le preguntó si podía llevarlo porque su coche supuestamente no arrancaba. Tras un breve viaje la atacó brutalmente, la amarró y la llevó a un depósito. “Pensé que iba a morir”, dijo Hall.

Tras su detención, Garrido declaró, según los documentos judiciales, que no la eligió especialmente, que la culpa era suya por ser atractiva.

“Ser una víctima es algo que sólo puede entender alguien que haya sido una víctima”, relató Hall. “Durante años me comportaba como un zombie. Tenía que contarles a todos lo que me había pasado, como si tuviera que explicar por qué no me comportaba de forma normal”.

Ahora que Garrido vuelve a la cárcel se siente más tranquila, porque no tiene que pensar si él va a seguir buscándola. “Pero dudo que pueda superarlo alguna vez”, añadió.

Desde el pasado viernes, la Policía registra con perros la casa de Garrido y un terreno vecino en busca de posibles cadáveres. Allí hallaron restos de un hueso, pero un portavoz de la policía aclaró que aún no saben si es de un ser humano o un animal. Las pruebas pueden tardar semanas.

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